Un pueblo encantador: Cadaqués

En la Costa Brava se asientan un buen número de pueblos de singular belleza, entre los que cabe destacar a Cadaqués.

El pueblo que fuera residencia de Salvador Dalí, e inspiración de muchas de sus obras ya no podrá nunca desligar su nombre del genial pintor, pero incluso para quienes no estén interesados en su obra, Cadaqués es una visita que deja una honda huella en la memoria.

Con tan sólo un día por delante para conocer los encantos de esta población hoy tan turística, no quería perderme nada importante, así que decidí que me centraría en visitar sus playas, recorrer con calma sus calles disfrutando de ese aire medieval que emana de su origen, y visitar la Casa-museo de Dalí. Esos eran mis principales objetivos.

Cadaqués
Cadaqués

Comenzar un paseo por las calles de Cadaqués es tener que hacer mención obligada del “rastell”. En la parte más antigua del pueblo, este pavimento, realizado a mano con piedras procedentes del mar, puede ser todo un castigo si has sido tan imprudente como para no elegir un calzado adecuado, aunque por suerte todo queda en una ligera molestia y una nota mental para no repetir el error en futuras ocasiones.

Si te gusta callejear explorando rincones y callejuelas, Cadaqués te encantará. Tienes una sensación similar a la de estar en una especie de laberinto del que en un principio crees no poder encontrar la salida, pero en el que todo termina finalmente bien.

Lejos de ser una sensación desagradable, es todo lo contrario, puesto que, en el paseo, tienes ocasión de maravillarte con la visión de numerosos edificios y casas de diferentes estilos arquitectónicos que te sorprenden continuamente, como la Casa Blaua, la Casa Federico y Victor Rahola o la Torre del Colom, de estilo modernista, o el Casino de la Amistad, de estilo neoclásico.

Una calita de Cadaqués
Una calita de Cadaqués

También te encontrarás en tu camino con alguna de las diversas esculturas que hay repartidas por el pueblo y que homenajean a personajes relevantes. Según la oficina de turismo, hay un total de ocho, aunque yo, desde luego, no me crucé con todas.

En mi paseo por las laberínticas calles de Cadaqués pude admirar un par de ellas, una a la entrada del pueblo, obra de Bartholdi y realizada en bronce, de nombre “La libertad” y con un estilo muy inspirado en la obra de Dalí, y otra, también de bronce, llamada “Lidia de Cadaqués”, del autor Ramon Moscardó, sita en la Avenida Victor Rahola. Posteriormente, en mi visita a Portlligat  me toparía con otras. Pero no adelantemos acontecimientos.

A 5km del núcleo urbano de Cadaqués está Portlligat, la cala en la que Dalí tuvo su residencia. Tanto una como otra son visitas indispensables, así que, dispuesto a conocer el paraje que había enamorado al genio de Figueres, me encaminé hacia allí.

El faro de cap de Creus a pocos kms de Cadaqués
El faro de cap de Creus a pocos kms de Cadaqués

Las calas de la Costa Brava tienen ese algo que las hace diferentes a todo. En lugar de arena fina, predominan las rocas y los cantos rodados, lo que acentúa aún más la apariencia de entorno vírgen y salvaje que ya poseen de por sí.

Subiendo una pequeña colina se llega hasta esta parte de Cadaqués en la que se respira aire marinero. El sabor de un pueblecito de pescadores te entra por los ojos desde el primer instante.

De hecho, hasta convertirse en pleno siglo XX en foco turístico, el pueblo siempre había vivido del mar y los viñedos. Por fortuna, aunque hoy no son el centro principal de su actividad económica, siguen ahí, vivos, formando parte del paisaje y obsequiando con sus productos la rica gastronomía de la zona.

El Mar y Dalí son temas recurrentes en Portlligat. Imposible separarlos. Así que tras disfrutar de la vista de la cala -donde, por cierto, se encuentra una escultura del propio Dalí llamada “La barca y el ciprés”-, me dirigí hacia la residencia en la que el pintor compartió vida con Gala, su musa, durante varios años.

La barca y el ciprés
La barca y el ciprés

Dado el interés que despierta este lugar entre los turistas, es necesario haber reservado previamente la visita, que se lleva a cabo en grupos y dura tan sólo unos minutos. Los suficientes para asombrarte y salir de allí con la sensación de haberte colado por un momento en un trocito de la vida del pintor.

Un arrocito y una tarde disfrutando del sol y las aguas de Cadaqués completaron mi día en esta villa. Un día que tocó a su fin observando una de las maravillosas puestas de sol que pueden disfrutarse desde alguna de las terrazas del pueblo, y que componen un paisaje natural que te deja sin aliento. Observar tan sobrecogedor espectáculo con una birra helada entre tus manos es el mejor punto final que puedes dar a una visita a Cadaqués.

Acerca de roberto mazzanti

Hola soy roberto, un italiano que ha vivido 10 años en España que adora los viajes y todo lo relacionado con ellos. Después de tanto viaje, he decidido compartirlos con todo el mundo y desde 2013 soy administrador de www.laotraruta.net. Gracias a mucho trabajo y esfuerzo, después de 2 años, estoy viviendo de blogging y hace poco he salido de viaje indefinido (te cuento todas mis aventuras en mi nueva web: italoespañol). Los sueños se pueden hacer realidad, sólo hay que focalizarlos ;)

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