Calidad cántabra: Santillana del Mar

A pesar de que el humor popular la califica como “el pueblo de las tres mentiras” – no es santa, ni llana, ni está junto al mar- lo que no es en absoluto incierto es la fama de este pueblo santanderino de ser una de las localidades con más encanto de la geografía nacional.

Para los que, como a mí, nos gusta disfrutar de paseos tranquilos en los que recrearse en los pequeños detalles, Santillana es toda una gozada. El pueblo es de reducidas dimensiones, por lo que se recorre en pocas horas, de manera que una jornada completa da para pasear por sus empedradas calles y admirarse de su belleza, pero también para visitar otros atractivos adicionales que el pueblo ofrece.

Colegiata de Santa Juliana
Colegiata de Santa Juliana

Por cierto, que, dependiendo de la temporada, Santillana puede ser cualquier cosa menos una localidad tranquila. Su bien ganada fama ha atraído una importante cota de turistas que pueblan sus calles a las horas centrales del día y le dan una actividad impropia de un pequeño pueblo.

Para evitar aglomeraciones y tener tiempo suficiente como para completar mi visita sin dejar de ver nada interesante, comencé mi recorrido muy temprano, desayunando en uno de los bares del pueblo, donde dos señoras muy simpáticas se interesaron por mi vida. Algo que me llamó la atención, porque el visitante ya no es rara avis en un lugar como Santillana, sin embargo la hospitalidad y cordialidad de su gente, por fortuna, parece no haberse visto afectada por el boom turístico.

Preparado para conocer con detalle el casco histórico, me dirigí hacia la calle Velasco, avanzando por Santo Domingo hasta donde se bifurca a modo de Y. Desde allí se accede tanto a la Colegiata de Santa Juliana – una de las visitas imprescindibles- como a la Plaza Mayor, donde ya desde tan temprana hora se estaban instalando los puestos del mercado.

Casa de la Parra
Casa de la Parra

El paseo por las adoquinadas calles del casco viejo y la ausencia de coches hace que te sientas como transportado a otro tiempo, máxime cuando durante el recorrido vas cruzándote a tu paso con casonas nobles con balcones en madera, o casas-museo como la casa de La Parra o la Torre de Don Borja.

El encanto especial de esta villa se debe en gran parte a la piedra y la madera, materiales antiguos y básicos con los que esta localidad fue creciendo. Aprovechando que tenía tiempo suficiente y sus calles aún no estaban demasiado transitadas fui deteniéndome a observar con detalle cada rincón, y maravillándome del hecho de que muchos de aquellos lugares permaneciesen, desde varios siglos atrás, tal y cómo lucen hoy, o de que sus habitantes habían visto con sus ojos hace 600 años, lo mismo que yo veía con los míos en ese instante.

Al acercarse las horas centrales del día y con una mayor actividad de turistas en sus calles decidí acercarme a conocer uno de los principales atractivos turísticos de la zona, la cueva de Altamira, cuyas pinturas rupestres tienen fama mundial. Si bien las cuevas originales están cerradas al público, la llamada “Neocueva”- una reproducción de la original- sí es visitable, y te sumerge en un tiempo mucho más lejano, el de nuestros antepasados prehistóricos.

Plaza mayor, Santillana del mar
Plaza mayor, Santillana del mar

Evidentemente, el conocimiento de que aquellas pinturas que tienes delante no son la realizadas por el hombre miles y miles de años atrás le resta un poco de emoción, pero cualquier aficionado a la historia se entusiasmará igualmente con esta visita al tratar de imaginar cómo era la vida de nuestros lejanos antepasados.

Junto a las cuevas, declaradas por la UNESCO patrimonio de la humanidad, se encuentra el museo de Altamira, donde se puede profundizar aún más en el conocimiento detallado de esta apasionante etapa, aunque yo particularmente no lo visité puesto que mis planes incluían recorrer en la tarde algunas de las playas cercanas a Santillana.

Cueva de Altamira
Cueva de Altamira

Unas horas más en esta localidad hubiesen dado para terminar de completar la visita a aquellos lugares a los que no pude prestar tanta atención. El zoo, por ejemplo, es uno de los atractivos fuera del circuito histórico artístico de la ciudad y que hubiese querido tener oportunidad de visitar, pero el tiempo escasea y un recorrido por las playas de Cantabria me espera. Esta zona tiene tanto que ofrecer al visitante que incluso en un entorno que invita al relax, como Santillana, uno siempre está pendiente de lo que le queda por conocer.

Aun así, me voy con el convencimiento, tras lo visto, de que Jean Paul Sartré no andaba muy desencaminado cuando calificó a Santillana del Mar como “El pueblo más bello de España”. Si disfrutas tanto como yo con la contemplación de casonas medievales y barrocas, esta visita no decepcionará tus expectativas.

Acerca de roberto mazzanti

Hola soy roberto, un italiano que ha vivido 10 años en España que adora los viajes y todo lo relacionado con ellos. Después de tanto viaje, he decidido compartirlos con todo el mundo y desde 2013 soy administrador de www.laotraruta.net. Gracias a mucho trabajo y esfuerzo, después de 2 años, estoy viviendo de blogging y hace poco he salido de viaje indefinido (te cuento todas mis aventuras en mi nueva web: italoespañol). Los sueños se pueden hacer realidad, sólo hay que focalizarlos ;)

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