3 días en Río de Janeiro

Río es una ciudad de contrastes. En ella pueden encontrarse algunos de los más maravillosos paisajes del mundo, pero también mucha miseria y pobreza, especialmente en determinadas zonas.

La sensación de peligro, una de las advertencias que siempre hay frente a Río, es relativa. Por un lado, el sonido de las balas en las favelas de las colinas circundantes al centro de la ciudad que pude escuchar en el taxi camino de mi hotel, resultó cuando menos inquietante. Pero, a decir verdad, los días posteriores, en los que me moví por las zonas más turísticas, no la experimenté en absoluto. En parte porque la policía turística está ahí, siempre cerca, sabedores de que quienes visitamos Río somos la principal fuente de ingresos de la ciudad.

Fueron 3 días en Río que verdaderamente se hicieron muy cortos y que no dan para poder conocer la ciudad con la profundidad que hubiese querido, pero suficientes para enamorarme de un lugar que todo el mundo debería visitar al menos una vez en la vida.

Cristo redentor del Corcovado

Un primer paseo por la Avenida Atlántica me sirve como toma de contacto con la ciudad y con su playa más famosa, la de Copacabana. Se trata de la arteria principal de la ciudad, la que la recorre pegada a la playa y en la que puede observarse vida desde muy temprana hora, con una sorprendente cantidad de gente haciendo deporte. Y es que el culto al cuerpo es una realidad incontestable en Brasil, y Copacabana, además de una bellísima playa, es toda una exposición de cuerpos cincelados. Sentarse en una de los puestos allí situados, saboreando un coco y disfrutando del espectáculo de la gente es un entretenimiento por sí mismo.

Ipanema, la otra playa principal de la ciudad, situada más al norte, tiene un ambiente distinto, algo más elitista. Y aunque no tenga nada que envidiar a Copacabana, particularmente prefiero esa atmósfera más popular.

Tras un primer día centrado en la playa y disfrutando del sol y las garotas brasileñas, mi segunda jornada tuvo como principales destinos el famosísimo Pao de Azucar y el no menos famoso estadio de Maracaná.

playa de copacabana
Playa de Copacabana

La subida al Pao de Azucar se realiza en un teleférico que ya permite avanzar las impresionantes vistas que posteriormente podrán disfrutarse desde el monte más famoso de Río. Desde allí uno puede tomar conciencia verdaderamente de la grandiosidad de aquel lugar, desde el que puede apreciarse la ciudad al completo.

Maracaná es la expresión de un país en el que todo se hace a lo grande. Si bien no tuve la oportunidad de ver el estadio durante un día de partido, sí que el tour organizado por las instalaciones del estadio es suficiente para quedar impresionado con la grandiosidad y la historia de aquel lugar.

El Cristo del Corcovado fue el destino principal de mi tercer día de estancia. Tras experimentar el día anterior una panorámica completa de la ciudad desde el Pao de Azúcar, las vistas ya no impresionan tanto, aunque es evidente que de haber visitado este monumento en primer lugar me hubiese ocurrido a la inversa. Lo que sí impresiona, y mucho es la altura de este cristo realizado en mármol que es uno de los grandes signos de identidad de Río, y que, probablemente, es una de las imágenes más fotografiadas de la ciudad.

Estadio de Maracaná
Estadio de Maracaná

De vuelta al nivel del mar, y tras un buen atracón de carne en uno de los rodicios típicos de Río, quise visitar la escalera de Selarón, en el barrio de Lapa.

Se trata de una escalera decorada con azulejos de cerámica en la que el artista Jorge Selarón comenzó a trabajar utilizando azulejos de distintas partes del mundo, y que no tardó en alcanzar fama, logrando que gentes de todo el mundo se acercaran hasta allí para hacer entrega al artista de azulejos representativos de sus lugares de origen.

De esta forma la escalera iba cambiando con el paso del tiempo y convirtiéndose en una atracción turística que puso en el foco un barrio marginal como el de Lapa. Por desgracia, la historia no tuvo un final feliz para el artista, que un día de 2013 apareció muerto sobre su propia escalera en extrañas circunstancias.

Escalera de Selarón
Escalera de Selarón

Tres días son un tiempo a todas luces insuficiente para disfrutar de esta ciudad y sus encantos. Sin embargo, mi ruta por Brasil no ofrecía demasiada flexibilidad, y con todo el dolor de mi corazón, dejé atrás la “Cidade Maravilhosa” de la que se sienten tan orgullosos,  y con toda razón, los brasileños.

En el tintero quedaron visitas a muchos otros lugares de interés, e incluso algún tour organizado por las favelas (que los hay), pero al menos ya puedo marchar de aquí con la satisfacción de haber disfrutado de algunas de sus atracciones más representativas.

Sólo un consejo: no cometas mi error, y si viajas a Río asegúrate de estar al menos una semana. La ciudad lo merece.

Acerca de roberto mazzanti

Hola soy roberto, un italiano que ha vivido 10 años en España que adora los viajes y todo lo relacionado con ellos. Después de tanto viaje, he decidido compartirlos con todo el mundo y desde 2013 soy administrador de www.laotraruta.net. Gracias a mucho trabajo y esfuerzo, después de 2 años, estoy viviendo de blogging y hace poco he salido de viaje indefinido (te cuento todas mis aventuras en mi nueva web: italoespañol). Los sueños se pueden hacer realidad, sólo hay que focalizarlos ;)

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